martes, abril 03, 2007

El barrio del vicio


Existen pequeños demonios que me susurran dentro de mi cabeza. Ellos, son los que hacen que me sienta como un perdedor o que por mi boca salgan letras en forma de huracanes que sólo consiguen envolverme para herirme… y a veces, porque no decirlo; también destrozarme y mutilarme mi verdadera personalidad. Esos mismos pequeños demonios, son aquellos que me agarran, me tapan los ojos con un trapo de sabor a dolor olvidado y como si de un secuestro se tratase: me arrojan a esos caminos oscuros que están precintados dentro de mi propio cuerpo. A ciegas, noto que son aquellos callejones estrechos del barrio del vicio donde siempre me llevan, donde no hay luz y el aire desprende el miedo sucio. Ahora me dejan solo, levanto mis parpados y puedo ver como todas las paredes de este barrio del vicio están grabadas con mi propio tiempo, y aparecen en cada esquina, como nombre de sus calles ensangrentadas, todas las palabras sordas y descolgadas que alguna vez dije sin sentido.

Los edificios sin nadie comienzan a ocultarse entre las sombras. Suenan en este barrio del vicio, como campanas en un desierto cerrado, las terribles melodías de la angustia cercana, donde reaparecen esas pequeñas personas grises con luz amarillenta en sus ojos, caminando deprisa hacia mi búsqueda, para volver atajarme un nuevo trozo de alma que ya está herida de muerte. Gritan sin eco al aire dormido con el desgarro más espantoso y chirriante, hasta que me atrapan y consiguen su cometido. Trepo desecho hasta la ventana que existe en el callejón sin salida, esa ventana que siempre aparece después de toda la barbarie y me conduce a la normalidad, donde al menos no tengo miedo y veo caras conocidas, aunque vagamente iluminadas por el reflejo de un fino tejido de esperanza antigua, que atraviesa con la timidez de un soplo, el vidrio de mis ojos desenfocados. Allí esperaré a que vuelvan, porque sé, que no pararán hasta llevarse completamente mi alma entera, sé que no habrá tregua en esta maldita lucha donde no puedo defenderme, donde me siento casi transparente, perseguido por mi aliento y secuestrado en mis fatales días oscuros.

Aparece la calma en forma de nuevo día,
con un trozo de nada
dibujado en su parte superior.

Maik Underground
Dibujo:
Edward Gorey

7 comentarios:

-Pato- dijo...

Que genial has ralatado uno de esos dias oscuros, dias con demonios incluídos, has sido tan preciso que hasta los he sentido.

Algo debo decir.
La sensación de perdedor, de sentirte derrotado ante tanto peso, no te la quita nadie, sólo uno se la saca de encima cuando pasa por entremedio de oscuridad, pero al escribir le has ganado, en algún punto le has ganado.
Algo tuyo ha sido mas fuerte que cualquier demonio y ha corrido por tu sangre y se ha hecho letra.
Eso es dar batalla.

Besos

calma dijo...

Después de esos demonios que te prenden y se cojen a ti como bestias inmundas llega la calma a tu vida... agárrala fuerte, disfrútala y hazla compañera de viajes...
Fantástico, como siempre Maik...
Beso

Clementine dijo...

Y suele pasar no? estan de moda los demonios esos..ya te atajaron un trozo de alma, no les des mas gusto, por lo menos ya los reconoces...(es un buen dato)

Muy lindo blog..seguiré pasando por aquí

Te dejo un saludo desde leeeeejos

TOROSALVAJE dijo...

Sé de lo que escribes, sé lo que sientes, sé lo que duele, y lo sé porque yo también lo he vivido, al leerte me reencarno en cada de una de tus frases como si yo fuera tú y los dos fueramos el mismo dolor.

Un abrazo hermano.

Sonrisa de luna dijo...

Buenas tardes qe tal? Joer se me a puesto el vello de punta, pero que bien describes las cosas eh, venga mi niño muchos animos y siempre siempre despues de la tormenta llega la calma, espero que te dure mucho,
muchos besitos y que pases una buena semana, por cierto me encanta tu blog, me perdere mas a menudo por aqui, muack

zooey dijo...

Eres profundo Maik, tus palabras hablan de esos rincones donde uno se refugia para encajar solo y lo más digno que pueda ser. Ahí uno se siente transparente, perseguido, condenado, sí, pero creo que no te acabarán de vencer, volverán sí, pero precisamente porque no vencen.

Un fuerte abrazo

Athos dijo...

Todos tenemos pequeños demonios dentro. Lo único que nos queda es aprender a vivir con ellos.
Saludos Maik